domingo, 13 de noviembre de 2016

Promocionando una tienda online

¡Cuánto han cambiado los tiempos desde que terminé la Universidad hasta hoy! Han pasado casi veinte años y en realidad parece que he hecho un viaje en el tiempo y me he trasladado a una época lejana (a veces no sabría decir si del pasado o del futuro).

Dicen que a mis cuarenta años me empiezo a parecer a esos viejecillos que reniegan de los tiempos modernos, pero es que cada vez estoy más convencido de que antes se vivía mejor, se trabajaba mejor, se divertía la gente mejor y en general todo funcionaba muy bien. Claro que había cosas malas y desventajas, como en todas las épocas, pero nada que ver con lo que tenemos ahora.

Muchos me acusan de clásico, y quizá tengan razón.

Recuerdo cuando empecé a trabajar como asesor fiscal en la asesoría de mi tío Jaime, con veintidós añitos recién cumplidos y con ganas de comerme el mundo. Entonces ya creía yo que iba a heredar la empresa y actuaba en consecuencia. Al ir creciendo, entendí que había otras cosas en la vida y que aquella herencia no entraba dentro de mi planes y fui viendo las cosas con otra perspectiva más relajada.

El caso es que cuando yo empecé mi andadura profesional, todo era mejor que ahora. Los clientes pagaban bien y eran abundantes y la administración funcionaba medianamente bien.

Viví unos siete u ocho años de máximo esplendor y gané bastante dinero, trabajando con dignidad y dedicación. Hasta que casi de un día para otro, la economía se desplomó y la palabra crisis financiera lo invadió todo.

El despacho de mi tío, pasó de tener una plantilla de cuarenta trabajadores, a menos de diez, y yo tuve que replantearme mi destino, porque allí ya no había clientes ni para mí.

Muy a mi pesar y al de mi tío Jaime, me vi obligado a abandonar la Asesoría. Un temor extraordinario se adueñó de mi vida, porque a los treinta y pocos años, me vi en el paro, con una hipoteca  considerable, una esposa también en para y dos niños de seis y ocho años.

Los primeros meses fueron un infierno y un ir y venir constante a entrevistas de trabajo y empresas de trabajo temporal.

Encontré empleos, sí, pero ninguno me duró más de tres meses. Y del sueldo y de las condiciones de trabajo, mejor ni hablar, porque atentaban contra la dignidad personal y profesional de cualquier ser humano.

Pero cuando tienes necesidad y debes meter dinero en casa, te sometes a cosas que de otra forma jamás aceptarías ni harías.

Durante un año y medio me hice conocido de todas las empresas de trabajo temporal de mi ciudad y acabé tan cansado de ellas, que una mañana cancelé todas mis entrevistas de trabajo y decidí tomar un nuevo rumbo en solitario y por mi cuenta.

Era arriesgado y todos mis amigos y conocidos me lo desaconsejaban, pero mi hermano Juan insistió en apoyarme y en asegurarme que un poco de esfuerzo, lo lograría.

Él lo había conseguido y fue capaz de salir de una situación mucho más complicada que la mía, así que le creí y empecé a trabajar con él codo con codo.

El plan era sencillo y complicado al mismo tiempo: crear mi propio blog y mi web, anunciando mis servicios profesionales como asesor fiscal. La página incluía una tienda online donde la gente podía comprar informes jurídico-fiscales sobre las más variadas materias, y modelos de escritos, formularios, declaración de impuestos, etc…

Mi primer problema era la falta de recursos económicos para hacerlo. Pero mi hermano me explicó que si sabía organizarme, el dinero no era un problema para un proyecto así.

Mi suerte es que él es experto en posicionamiento web y esa parte, que resultaba más costosa, él me la haría gratis. Bueno, gratis del todo no, porque me dijo que tenía que invitarlo a comer una vez por semana cada vez que consiguiera un cliente nuevo. Pero resultaba un pago muy agradable de hacer, claro.

Además de eso, Juan me recomendó que leyera varios blogs sobre estos temas y me explicó un montón de trucos para poder sacar adelante la idea sin hacer gastos económicos.

Se trataba de trabajar desde mi casa, con una simple conexión a internet y un ordenador. Un presupuesto más limitado que éste, sencillamente no lo hay.

Me llevó tiempo, eso sí, y tuve que aprender mucho en muy pocas semanas, pero mereció la pena, porque ahora mismo, es rara la semana que no consigo tres o cuatro clientes nuevos que se interesan por mis servicios.

Yo estoy ganando dinero y prestigio y mi hermano está contento porque se lleva una buena comilona cada semana.

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