viernes, 3 de julio de 2020

El teletrabajo en precario

Teletrabajo y Smart Working: Uberización e Ingreso Mínimo Vital

Planificación patronal acelerada por el COVID-19

El despliegue del teletrabajo del que hemos sido testigos por Real Decreto ha supuesto, según un estudio, pasar del 4,8% de los empleados durante 2019, al 34%. Es cierto que tal empuje ha venido obligado por la situación de urgencia derivada de la pandemia, pero pese a la improvisación, se ha podido ver que el mismo ha sido bastante rápido, relativamente fácil y exitoso, constatándose la madurez de los avances tecnológicos que lo hacen posible, así como el alto grado de incorporación que ya habían adoptado las infraestructuras de las empresas, que les ha permitido llevar a cabo semejante transición en tiempo record.

Y es que, a poco que indaguemos, se puede ver que los empresarios, de forma organizada, llevan ya algunos años diseñando, incorporando y definiendo cómo poder sacar partido de todos esos avances tecnológicos que permiten abandonar el trabajo presencial (las negritas son nuestras):

En 2015 Telefónica puso fecha de caducidad para este año 2020 al puesto de trabajo físico: Nativos digitales: un punto de inflexión en el mercado laboral en 2020

    En estos momentos se está moldeando la futura fuerza laboral del año 2020. Entre otras muchas cosas, cambiará drásticamente nuestra mentalidad sobre cómo y dónde trabajamos y todo apunta hacia un nuevo entorno, en el cual el lugar, el horario, los compañeros y las actividades no necesariamente coincidirán. El “lugar de trabajo” perderá su condición de espacio físico (esa mesa en la que colocar un marco con fotos de los niños…) y pasará a ser el “momento de trabajo”

También en 2015, desde Oxford Economics animaban a las empresas a adoptar los avances tecnológicos para modificar su política de recursos humanos, en su informe Fuerza laboral 2020. La inminente crisis de talento

    Están ocurriendo grandes cambios en el lugar de trabajo. La naturaleza del empleo en sí está en pleno proceso de transformación. Y lo mismo ocurre con la composición de la mano de obra, a medida que el ingreso de la generación millennial junto con la globalización y el cambio social aumentan la diversidad de los empleados. Entender estos cambios y adaptarse a los mismos resulta fundamental para gestionar la fuerza de trabajo de 2020, pero hacerlo requerirá que las empresas adopten un enfoque más estratégico de recursos humanos y se equipen de las herramientas adecuadas para gestionar el nuevo lugar de trabajo.
    Un considerable 83% de los ejecutivos dice que está aumentando el uso de consultores, empleados intermitentes, o trabajadores contingentes*. Estas nuevas relaciones requieren que las empresas manejen a los trabajadores en nuevas formas. Nuestra encuesta muestra que el aumento de las posiciones fuera de la nómina está forzando el cambio en las empresas, y un 42% dice que está afectando su estrategia de fuerza de trabajo.
    * contratistas independientes, empleados a tiempo parcial, o empleados temporarios o subcontratados

En un post de 2016, La fundación para la Investigación sobre el derecho y la empresa, se expresaban con estas líneas maestras ¿Es hora del Teletrabajo y del Smart Working?:

    Estas fórmulas van mucho más allá del mero teletrabajo ya que el trabajo se realiza en los lugares más adecuados (no estrictamente la oficina o el domicilio del trabajador) y opera la flexibilidad y la autonomía como norma y la conectividad plena y horario casi continuo. Con carácter inicial, los Smart workers pueden tener distintas relaciones jurídicas con las empresas (algunas serán contratos de trabajo, otras relaciones civiles o mercantiles por proyecto, otros serán empleados de empresas contratistas o incluso autónomos o freelance).

Como se puede ver, desde los Think-Tank empresariales llevan todo este tiempo estudiando, definiendo y afinando fórmulas de nuevos modelos productivos con el fin de aprovechar la flexibilidad que las nuevas tecnologías permiten. Unas fórmulas que buscan obtener mayores ganancias en base a dinamitar las relaciones laborales, transformarlas en relaciones empresariales, sustituyendo el trabajo por cuenta ajena por falsos autónomos o subcontratación, llevándose consigo los pocos derechos que aún tenemos los trabajadores, y donde las oficinas van a quedar obsoletas.
Beneficios para la patronal del nuevo modelo productivo

Los beneficios para la patronal que incorpora el teletrabajo son múltiples:

    Traslado de costes de producción a los trabajadores: Alquiler de espacios, vigilancia, mantenimiento, limpieza, suministros agua, luz, climatización, telecomunicaciones, equipos informáticos, mobiliario y material de oficina.
    Ahorro en costes de viajes con las reuniones a distancia
    Prolongación de jornadas por la falta de desconexión digital
    Atomizar a los trabajadores, fomentar el aislamiento de los mismos y debilitar la organización sindical de los trabajadores.
    Aumento de la productividad ( El teletrabajo, más productivo que el trabajo en la oficina)
    Bajada de sueldos al facilitar la competencia con demandantes de empleo de paises emergentes

Si bien todos estos beneficios ya incentivan a que las empresas tiendan a abandonar el trabajo presencial, donde realmente se generan beneficios en el nuevo modelo es con la figura del falso autónomo, también llamado proceso de uberización del trabajo, con la que los empresarios:

    Ahorran en pagar seguridad social, mutuas y servicios de prevención de riesgos
    Reducirán los alquileres a la mínima expresión.
    Impondrán el trabajo a destajo, que podrán planificar sin importar vacaciones, fines de semana ni festivos, ni horarios, ni descansos.
    Incrementarán los ritmos de trabajo. Puesto que el objetivo de la patronal es el de pagar por trabajo y no por jornada de trabajo - tiempo de trabajo - para que la Empresa asigne más trabajo el trabajador, ya bajo la fórmula de freelance o autónomo, deberá acelerar los ritmos de trabajo.
    Bajarán aún más los sueldos, pues al no tener el empresario obligación de proporcionar trabajo efectivo para la jornada completa, ni obligación de indemnizar el despido, podrá jugar la baza del chantaje del hambre, al poder repartir las tareas entre el número de trabajadores disponibles, aumentando la competencia entre ellos, por hacerlo a menor precio y en menos tiempo para poder así completar el sueldo del mes, chantaje que no podremos evitar si queremos tener tarea al día siguiente.

Esto básicamente significa retroceder a tiempos pasados, donde cada día el señorito paseaba por la plaza del pueblo para elegir de entre los jornaleros presentes a aquellos que ese día iban a echar la “peonada”. Evidentemente nos podemos olvidar de ponernos enfermos o cobrar prestaciones por desempleo, indemnizaciones por despido, etc...
Riesgos psicosociales para los trabajadores

En contraposición a los beneficios de la patronal, para los trabajadores, lo que inicialmente pudiera parecer atractivo en cuanto a las posibilidades de conciliación y ahorros de tiempo y gastos de transporte que proporciona, tras estos meses de su uso forzado por la pandemia poco a poco nos vamos dando cuenta de una realidad no tan favorable:

    costes económicos de producción soportados por los trabajadores que antes recaían entre los deberes legales del empresario
    falta de desconexión que alarga las jornadas e impide el descanso
    vigilancia y seguimiento paranoico de las tareas que genera sobrecarga con tareas burocrático-administrativas improductivas
    nuevos modelos de evaluación continua con periodicidades más corta
    falta de interacción con los compañeros que genera aislamiento y una merma en el bienestar psicológico
    fatiga digital por la barrera de la comunicación a distancia que obliga al escribir o usar herramientas para resolver tareas simples con mayor esfuerzo
    sedentarismo
    mayor tiempo encerrados con menos posibilidad de descanso mental

es decir una modificación total de las costumbres de la vida cotidianas propicias para el incremento del estrés, el mal humor y las tensiones familiares entre parejas e hijos, al compartir el espacio familiar, que podría volverse explosivo para la salud mental, favorecer divorcios y adicciones, etc.
Uberización del trabajo.

Estas fórmulas se empezaron a implantar ya desde la anterior crisis del 2008 en algunos sectores, en lo que han venido denominando economía colaborativa, economía digital, plataformas digitales o, más despectivamente, uberización, por parte de los que padecen sus consecuencias. Empresas de servicios como Uber, Cabify, Glovo, Amazon Flex, en los sectores del transporte, mensajería, del comercio, han sido las pioneras en desplegar el Smart Working (Smart Job), como una versión “mejorada” del teletrabajo, que apoyándose en las infraestructuras de telecomunicaciones y las aplicaciones web y móviles (plataformas) han redefinido el funcionamiento de las Empresas, desligándolas de sus obligaciones fiscales y laborales, de manera que sin perder el control de la producción ni de sus trabajadores, pasan a ser mediadores entre los prestadores de los servicios, el trabajador, que realiza, y el consumidor, que lo recibe. Con este modelo la precariedad y la explotación se amplifica, consiguiendo un trasvase de riqueza desde los trabajadores hacia la clase empresarial, como ya hicieron anteriormente con la generalización de las ETT, el trabajo temporal, o las subcontratas.
Implantación internacional

Los monopolios empresariales, una vez han comprobado la efectividad para sus intereses de estos nuevos modelos de producción, tratan de generalizarlos al resto de las compañías y de países, para lo cual acuden a los organismos internacionales en los que se organizan y determinan la producción a nivel mundial, desde donde expanden el "caso de éxito", contando con la diligencia y complicidad de los gobiernos y las instituciones nacionales para su despliegue legal. Así en 2018 durante la Cumbre del G20 en Buenos Aires los países imperialistas aprobaron una declaración titulada “Building consensus for fair and sustainable development” donde marcaban la hoja de ruta a seguir con respecto del trabajo futuro:

    Seguimos comprometidos con la construcción de un futuro del trabajo inclusivo, justo y sostenible promoviendo trabajo decente, formación profesional y desarrollo de habilidades, incluida la recapacitación de trabajadores y la mejora de condiciones laborales en todas las formas de empleo, reconociendo la importancia del diálogo social en esta área, incluido el trabajo entregado a través de plataformas digitales (…)
    Para maximizar los beneficios de la digitalización y las tecnologías emergentes para un crecimiento innovador y productividad, promoveremos medidas para impulsar las micro, pequeñas y medianas empresas y empresarios, cerrar la brecha digital de género y una mayor inclusión digital, apoyar la protección al consumidor y mejorar el gobierno, la infraestructura y la medición de lo digital en el terreno económico. Reafirmamos la importancia de abordar los problemas de seguridad en el uso de las TIC. (…) Damos la bienvenida al Repositorio de Políticas Digitales del G20 para compartir y promover la adopción de Modelos innovadores de negocio de economía digital. Reconocemos la importancia de la interfaz entre el comercio y la economía digital. Continuaremos nuestro trabajo de inteligencia artificial, tecnologías emergentes y nuevas plataformas de negocios.”

El documento dibuja una clara agenda a los estados firmantes para el despliegue tecnológico y la promoción de Modelos innovadores de negocio de economía digital, plataformas digitales, las microempresas y empresarios. Es decir la generalización de la Uberización y la precariedad, como nuevos modelos productivos que sustituirán a los actuales.
El nuevo Estatuto de los Trabajadores

La actualidad informativa pone de manifiesto cómo la planificación diseñada por las oligarquías está cumpliéndose a rajatabla por las instituciones del Estado Español. El pasado mes de diciembre, en el documento llamado «Coalición progresista, Un nuevo acuerdo para España», donde PSOE y Unidas Podemos pactaron no derogar las reformas laborales, se constató la decisión de crear un nuevo Estatuto de los Trabajadores:

    Elaboraremos, previo diálogo con los agentes sociales, un nuevo Estatuto de los Trabajadores que compagine la protección de los trabajadores  frente a los desafíos sociales, tecnológicos y ecológicos del siglo XXI y el reconocimiento de nuevos derechos de los trabajadores propios de la realidad económica, social y laboral actual, con la necesaria competitividad empresarial y el papel de la negociación colectiva como elemento de reequilibrio necesario.

Un texto que pretende dar cabida a este nuevo modelo productivo (actualmente ilegal, que choca con la justicia. véase el conflicto del taxi, de los riders, o de las viviendas de alquiler turístico), que con la excusa de defender a los trabajadores, en realidad estará legalizándolo con restricciones, sabiendo que dichas restricciones son papel mojado (el ET es la legislación que impunemente más se incumple), y que se perderán en el camino de los juzgados, si es que compensa al trabajador acudir a ellos, como ya ocurre con muchos otros derechos como la reducción de jornada, adaptación, cobrar horas extras, permisos de maternidad/paternidad, sindicación, ... cuya mera sospecha de su ejercicio suponen el despido fulminante.
Los agentes sociales, mejor dicho, los lacayos de la patronal.

También muestra el documento del G20 la importancia que otorgan las grandes empresas, las multinacionales, a un ingrediente fundamental para introducir en la sociedad "las bondades" de estos nuevos modelos: El diálogo social. Siendo los agentes sociales actores fundamentales para teatralizar la traición, sellando un acuerdo que pretende representar a toda la sociedad, pero donde los trabajadores no están representados por nadie, con UGT y CCOO siervos de la patronal, ejemplos firmes de sindicatos vendidos: subvenciones multimillonarias, comisiones por despedir masivamente (EREs), accionistas titulares de la gestión de carteras de pensiones patronales, y corruptos reconocidos por la justicia, o en vías de serlo.

Ante el anuncio del gobierno de regular el teletrabajo obligando a la patronal a compensar los gastos a los trabajadores, la patronal ha desplegado su habitual chantaje, al que el gobierno ha respondido confirmando quíen manda realmente (un mes prolífico para verlo, también con la caida del impuesto a los ricos), condicionando este asunto a su negociación bajo la mesa del diálogo social. Evidentemente la patronal como a cualquiera, no le gusta que le cambien sus planes, y no podía renunciar a una de las mejores ventajas del nuevo modelo: trasladar los gastos de producción a los trabajadores. Con la llamada al orden al gobierno, para que se decida esto en la mesa de diálogo social, y con la cuerda atada en corto a la contraparte “dialogadora”, la patronal se garantiza que el falso diálogo social favorezca sus intereses.

Ante esta dialéctica, los sindicatos amarillos de la patronal (UGT y CCOO) tratan de ganarse su caramelo, arrogándose la iniciativa de la negociación para ganarse la confianza de los trabajadores, cuando en realidad son meras comparsas al dictado de la patronal y su planificación. Ahí podemos encuadrar sus urgentes propuestas de renegociación del XVIII Convenio Colectivo de consultoría, para incluir la normativa sobre el teletrabajo. Esa iniciativa que ha llevado a tener el convenio 10 años paralizado, pero que ahora parece que les entra un fervor negociador, curiosamente justo cuando más le interesa a la patronal, antes que el experimento del teletrabajo masivo haga que los trabajadores vean la trampa en la que han caído.
El Ingreso mínimo vital

La aprobación el pasado 10 de Junio de la medida del Ingreso Mínimo Vital ha generado numerosas muestras de apoyo y aprobación desde estamentos sociales que ideológicamente deberían estar en contra. La aprobación se produjo sin el voto en contra de ningún partido, incluso con la abstención del partido de "la paguita", de un parlamento que ha dado sobradas muestras de estar teledirigido por el IBEX 35.

La clave de esta aceptación podemos encontrarla nuevamente en las palabras de la propia patronal sobre el nuevo modelo productivo que están imponiendo. En diciembre de 2017 un Catedrático de Derecho del Trabajo en la Universidad de Sevilla y asesor jurídico, publicaba el siguiente artículo: “Economía colaborativa y empleo decente” donde consciente de la precariedad máxima a la que llevan a los trabajadores los nuevos modelos productivos, abogaba por legalizar con un nuevo Estatuto para los que denomina working poors, por un lado, a la vez que propone que se les complemente el sueldo desde el estado, con nuevos mecanismos de tutela, al no ser el sistema de Seguridad Social adecuado a un trabajo de cotización mínima:

    “Hay que plantearse qué modelo de economía colaborativa queremos, particularmente desde la perspectiva del empleo. Hay riesgos reales de que pueda convertirse en un factor de precarización, uno más, generando empleos de escasa calidad y convirtiendo a sus trabajadores en working poors. (…) Una mayoría de los trabajadores de plataformas son, desde el punto de vista del Derecho del Trabajo vigente, autónomos. Esto es un problema, porque nuestra legislación para este tipo de trabajo es a todas luces insuficiente para asegurarle unos niveles adecuados de ingreso y de calidad de vida profesional. Reconocerlos como trabajadores autónomos económicamente dependientes (TRADE), como se ha hecho en algunas plataformas, no basta. Seguramente tendremos que plantearnos un nuevo estatuto de trabajo autónomo digital, con obligaciones más claras para las empresas implicadas y una extensión de ciertos aspectos del trabajo asalariado … Tampoco nuestro sistema público de Seguridad Social es adecuado para proteger a los trabajadores en plataformas, ya que exige períodos de seguro de larga duración. Cuando el trabajo no te da para vivir, porque es lo que algunas plataformas te ofrecen, es necesario pensar otros mecanismos de tutela”.

El diario digital de PYMEs y autónomos autonomos y emprendedor publicaba el pasado 30 de mayo un artículo valorando positivamente la medida del Ingreso Mínimo Vital aprobada por el Gobierno, artículo que se titulaba “Los autónomos también podrán acceder al Ingreso Mínimo Vital” de donde destacamos las propias palabras del vicepresidente

    De hecho, esta compatibilidad de la medida con otro tipo de ingresos, incluidos los derivados de una actividad económica, es una de las características más importantes de la prestación “y que la distingue de otro tipo de rentas de inserción social que existían hasta el momento” dijo el vicepresidente de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias, en la rueda de prensa posterior al Consejo. De esta forma, la prestación no sólo cubre a aquellas personas que estén desempleadas, sino también a personas que trabajen, bien por cuenta propia o ajena, siempre y cuando tengan unos ingresos lo suficientemente bajos.

De ambos extractos podemos ver cómo la nueva legislación del gobierno sigue al pie de la letra las peticiones de la patronal de introducir esos nuevos modelos productivos, a sabiendas del nivel de precariedad que van a añadir, y de la necesidad de complementar los ingresos de esos trabajadores pobres con nuevas prestaciones.

Como ocurre con otras subvenciones estatales como la ayuda al alquiler de jóvenes, que pasa a los propietarios que elevan la renta para quedársela, o las ayudas a la compra de coches, que mediante la subida de precios pasa a manos de los fabricantes, el Ingreso Mïnimo Vital no es más que un complemento salarial, compatible con los autónomos (incluidos los falsos), que incentiva la bajada de salarios, que terminará siendo un complemento que el Estado regala a los empresarios. Como tal, podemos entender que la propuesta de implantar un Ingreso Mínimo Vital no solo no causa rechazo entre la patronal y sus voceros, sino que surge de ella misma.

La cuestión es tan evidente que incluso ya la propia Dirección de UGT lo está denunciando:

UGT avisa de que las empresas pueden aprovechar el ingreso mínimo vital para rebajar los salarios

Esto supone un nuevo paso para acrecentar las desigualdades, traspasando las riquezas producidas por los trabajadores a una minoría elitista que, que ahora ya apenas si paga impuestos, pero que ya ni siquiera pagará los sueldos. Con este panorama resultante al que nos acercamos, sólo nos queda hacer una última pregunta: Si los trabajadores producimos la riqueza, y de lo que generamos pagamos los impuestos, pagamos los sueldos, ponemos los medios de producción, y rescatamos a las empresas en pérdidas ¿Para qué se necesitan los empresarios?
¡Qué no te engañen ni los empresarios ni aquéllos cuyo modus vivendi es la traición de los trabajadores!

Fuente: luigicomenccini

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